AMOR DE PADRES.

Ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa Creada nos podrá separar del Amor de Dios , que es en Cristo Jesús Señor Nuestro. Romanos 8:39

Hace un tiempo atrás, mi esposa perdió su perrita maltesa, una preciosa y graciosa criatura, que creció junto a nosotros. Esto provocó un gran desazón en Sandra, para ella es como su hija, ella estaba siempre a su lado muy cariñosamente. Pasaron los días y no aparecía, la buscamos por todo el barrio por varios días, pusimos carteles en las calles, en los supermercados, el las veterinarias, pero nada. Sandra se entristeció y fue muy duro verla así.

Finalmente, un buen día, nos llamaron por teléfono un buen joven, y nos dijo que el la habría encontrado, llegó a nuestro hogar, y fue muy grande la alegría, la pobre perrita, venía sucia, maloliente, se veía que había sufrido los días afuera de su casa. Sandra siempre estuvo expectante, creyendo que su perrita volvería algún dia.

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En la biblia encontramos un relato casi similar, la historia del hijo pródigo. Esta historia relata cómo un hijo pide a su padre que le adelante su parte de la herencia, porque desea liberarse y conocer el mundo. El buen padre accede y este joven se va a vivir su vida silenciosamente, consigue muchos amigos que al final cuando se le acaba el dinero, lo abandonan, como es lo normal en estos casos. El chico busca la manera de ganarse la vida y se encuentra cuidando cerdos y pasando hambre. Había caído tan bajo, que sacaba de la comida de los cerdos para quitar su  hambre. En esta difícil situación, él se recuerda de los gratos días que vivía con su padre, teniendo toda la comida y comodidades de su familia, así entre sollozos y dolor decide volver a su casa, pensando que los empleados de su padre tenían mucha mejor comida y trato que él ahora tenia.

El joven decide volver donde su padre y aceptar lo que el padre le diera, el pensaba que aunque fuera como otro jornalero mas, en la finca de su padre, el tendría una mejor vida. El padre que cada día avistaba desde una cumbre el camino  hacia a su hacienda, lo vio venir a lo lejos, corrió a abrazar a su amado hijo. Entre sollozos los dos se abrazan y el padre dice a sus siervos: “sacad el mejor vestido y vestidle, y poned un anillo en su mano, y calzado a sus pies. Traed el becerro gordo y matadlo, comamos y hagamos fiesta, porque mi hijo muerto era y ahora ha vuelto”.

El señor Jesus, nos cuenta esta historia para enseñarnos el amor del Padre Celestial, toda vez que un hijo vuelve al redil hay fiesta en el cielo. Así que mi buen amigo o amiga, piensa en esto, vive al amparo y en los caminos del Señor, en él encontraras seguridad, paz, una buena vida para ti y tu familia, El te dará lo que necesitas y tu vida será plena de alegría, esperanza y amor.

Si estas pasando un mal momento, tienes problemas sin resolver, escríbeme y con gusto oraré por ti.

Rafael Arriaza, es Chileno / Español, MBA en Economía por la U. Autónoma de Madrid y Empresario en Chile

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