Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, Seguridad mía desde mi juventud.
Salmos 71:5
Estaba yo acompañado de mi hijo, en la sala de urgencia de la clínica, después de un largo rato y de un escáner a mi cabeza, se me acercó el especialista para darme el resultado del examen realizado y me dijo: “Tiene Ud. un grave accidente vascular, su dolor de cabeza es consecuencia de un gran trombo en sus venas del cráneo, debe ser ingresado inmediatamente a la unidad intermedia para ser tratado”. Me quedé asombrado por el diagnóstico que en realidad no esperaba.
A mi pregunta de que podía pasar, el médico me dice que, si pasa las primeras 72 horas, podría tener un buen diagnóstico. Así que me enviaron a la habitación y posteriormente me dieron un anticoagulante directo a la vena. La primera noche casi no dormí, entre la preocupación, la presión alta y mi dolor de cabeza.
Desperté al alba cuando la enfermera me avisó que me pincharía para sacar una nueva muestra de sangre. Al abrir mis ojos, di gracias a Dios por el nuevo amanecer y así fue también la siguiente mañana al segundo día, con el nuevo amanecer, ya habían pasado 48 horas, y volví a dar las gracias a Dios, solo me quedaba esperar el tercer día.
A la siguiente mañana, al despertar al alba, me encontré con un nuevo y hermoso amanecer, así que no cesé de dar las gracias al Creador. Él me había regalado un nuevo amanecer y una gran esperanza, ya habían pasado las 72 horas cruciales para bajar la riesgo.
Después de esto, pasaron 8 intensos días en esta clínica, entre exámenes y visitas médicas, muestras de sangre y mas. En la oportunidad que me visitó el facultativo, le pregunté tímidamente, casi con el miedo a la respuesta cual era mi pronóstico;
– “Dr. ¿Cuando Ud. cree que se me limpiarán las venas taponadas?”,
él me miró y me dijo amablemente,
– “Tenga Ud. paciencia ya que esto normalmente desaparece entre 3 a 6 meses.”
Al cabo de dos días de haber salido de la clínica me hicieron un nuevo escáner a mi cabeza, y esto sí fue asombroso, por decir lo menos, las venas principales y las mas obstruidas estaban limpias, sin trombos. En ese momento no paré de dar las gracias a buen Señor había progresado enormemente, mucho mas de lo esperado, y pensé Dios me ama.
Lo interesante de todo esto fue lo que me comentaron después los médicos, al salir de la clínica, lo afortunado que había sido de haber salido de esta crisis sin secuela alguna a pesar de mi gran trombosis. Cada día doy gracias al buen Señor por su inmensa misericordia, yo creo que esta es la respuesta de Dios de todas las oraciones que mis hermanos hicieron por mi durante esos días, no tengo ninguna duda.
Por desgracias en estos días, cada vez se ven mas tribulaciones en el mundo que vivimos, parece que el mandato del señor, “ámense unos a otros” se cambió por “ódiense unos a otros”, las personas viven aisladas en sus problemas y existe muy poca solidaridad. Muchas personas ya intuyen que estamos en el fin de la historia y que Jesús no tarda en venir como así lo prometió en los evangelios (Mateo 24, 3-15).
Creo firmemente que el nuevo amanecer cuando venga Jesús desde los cielos donde “todo ojo le verá”, ese sí será el gran amanecer de la humanidad.
A mi edad y mi experiencia he visto muchas personas sumidas en la desesperación, sin la esperanza de un nuevo amanecer, querido lector, te pregunto ahora; ¿Tienes un problema que te aqueja?, ¿con el trabajo, con tu familia, con tu salud? Si lo tienes, escríbeme, yo y nuestro grupo de oración le pediremos al Creador que te ayude y facilite un solución.
Desde aquí te digo, Dios te bendiga y te guarde y haga tus días con paz y alegría sobre esta tierra.
Rafael Arriaza, es Chileno / Español, MBA en Economía por la U. Autónoma de Madrid y Empresario en Chile